Es muy importante tener en cuenta los ciclos vitales. Los elementos son la forma más pura de la materia y la forma más física del universo.
Cada elemento tiene, además de su componente bioquímico, su significado simbólico, y se corresponde con un plano distinto de nuestra existencia. Los cuatro elementos son estos:
- La tierra: es el elemento más concentrado, más sólido, el fácil de tocar, de sostener. Se relaciona con el plano más físico y concreto.
- El agua: guarda la memoria emocional y evoca nuestra vida prenatal durante la cual nos desarrollamos sumergidos en líquido amniótico.
- El aire: se puede mover con rapidez y ligereza y corresponde al plano de nuestros pensamientos, invisibles y variables.
- El fuego: es el elemento más sutil, luminoso y cálido. Es el amor, el entusiasmo. El fuego es nuestra dimensión espiritual.
También se corresponden con las cuatro estaciones del año y con las cuatro etapas vitales del ser humano: infancia, juventud, edad adulta y vejez. Nos muestran que a cada fase le sucede otra, en un ciclo infinito de existencia. Los elementos se apoyan, se interrelacionan constantemente y nos proponen adquirir su maestría para vivir más y mejor.
El yoga con calor nace de una necesidad y por esto está ya en casi todas 20 las capitales de Occidente. Por suerte o por desgracia, todos nos encontramos en el mismo barco: la lucha contra el estrés, el envejecimiento, el sobrepeso, el tabaquismo, el sedentarismo y los malos hábitos de la sociedad de hoy en día hacen que nazca este peculiar yoga caliente. Es una forma de dar a las personas la oportunidad de mantener en forma su cuerpo y liberar su mente. El 90% de nosotros padecemos dolencias físicas, mentales o espirituales, y la ciencia del yoga con calor nos ayuda a descubrir una vida diferente, en paz, proporcionándonos toda la sabiduría y herramientas que nos hacen falta para combatirlas, prevenirlas, y a su vez, sanarlas.

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